El invierno en la Ribera del Duero tiene una belleza austera y profunda. Cuando las temperaturas caen y los vientos del Duero barren los páramos de Pedrosa de Duero, el viñedo parece sumirse en un letargo eterno. Sin embargo, para nosotros en Bodegas Carmelo Rodero, este es uno de los momentos más vibrantes y decisivos del año.

La poda de invierno, conocida también como poda en seco, es el acto fundacional de cada añada. No es simplemente un trabajo de limpieza; es una conversación íntima entre el viticultor y la cepa. Es el momento en que decidimos, sarmiento a sarmiento, qué tipo de vino queremos llevar a la copa dentro de unos años.
1. ¿Por qué podar? La búsqueda del equilibrio perfecto
Para entender la poda, primero debemos entender la naturaleza de la vid. La Vitis vinifera es, en su esencia, una planta trepadora. Si se dejara a su libre albedrío, dedicaría toda su energía a extenderse, creando metros y metros de madera y hojas para buscar la luz, pero produciendo frutos pequeños, ácidos y dispersos.
En Carmelo Rodero, nuestro objetivo es el opuesto: buscamos la concentración, la tipicidad y la elegancia. La poda es la herramienta que nos permite «domesticar» ese vigor salvaje para canalizar la energía de la tierra hacia la calidad.
Los beneficios estratégicos de la poda:
Control de la producción: Limitamos el número de yemas (los futuros brotes) para asegurar que la planta no se sobrecargue. Un menor número de racimos significa una mayor concentración de polifenoles, azúcares y aromas en cada baya.
Arquitectura de la planta: Diseñamos la estructura de la cepa para que, durante el verano, los racimos tengan la exposición solar justa y una ventilación natural que los proteja de enfermedades.
Longevidad del viñedo: Una poda bien ejecutada respeta la salud de la madera. En nuestra bodega, contamos con parcelas de viñas viejas que son auténticos monumentos vivos; su supervivencia depende directamente de la mano que las poda cada invierno.
2. El factor tiempo: El reposo absoluto
La poda no puede empezar hasta que la vid entra en lo que llamamos reposo vegetativo. Tras la vendimia, la planta comienza a recoger sus reservas. La savia, que durante meses ha alimentado los frutos y las hojas, desciende hacia el tronco y las raíces para protegerse de las heladas.

Esperamos a que las hojas caigan por completo y que el frío se asiente en la Ribera. Si podáramos demasiado pronto, cuando la savia aún circula, debilitaríamos a la planta. Por el contrario, si nos retrasamos demasiado y la savia empieza a subir, se produce el famoso «lloro de la vid», que aunque es una señal de vida, supone una pérdida de energía si el corte es tardío. En Carmelo Rodero, el timing es una ciencia basada en la observación diaria del clima y de nuestras parcelas.
3. Técnicas de poda: Adaptándonos a cada Pago
Cada viñedo es un mundo. En nuestras 140 hectáreas, encontramos diferentes edades de viñedo y sistemas de conducción que requieren enfoques específicos.
La Poda en Vaso (El respeto a la tradición)
Es el sistema más antiguo y emblemático de nuestra zona. Las cepas crecen sin apoyo de alambres, formando una estructura baja con tres o cuatro brazos.
- Cómo se hace: Se seleccionan los sarmientos más vigorosos y mejor posicionados de la temporada anterior y se cortan dejando pulgares (trozos cortos con solo dos o tres yemas).
- El objetivo: Mantener la planta cerca del suelo para que aproveche el calor que las tierras arcillo-calcáreas de Pedrosa irradian durante la noche.
La Poda en Espaldera (Precisión y modernidad)
Para las viñas más jóvenes o aquellas diseñadas para una viticultura de precisión, utilizamos sistemas de conducción en alambre. Aquí, la técnica reina es el Cordón Royat Doble.
- El proceso: La cepa tiene dos brazos horizontales permanentes sobre el alambre. En ellos, dejamos pulgares espaciados de forma equidistante.
- La ventaja: Permite una mecanización muy cuidada de ciertas labores y asegura que todos los racimos crezcan a la misma altura, recibiendo una insolación idéntica, lo que se traduce en una maduración extremadamente homogénea.
4. La Poda de Respeto: El sello distintivo de Carmelo Rodero
Si algo define nuestra forma de trabajar es la poda de respeto o poda fisiológica. En los últimos años, la viticultura mundial se ha enfrentado a enfermedades de la madera que amenazan la vida de las cepas. En nuestra bodega, hemos perfeccionado una técnica que minimiza estos riesgos.
Las claves de nuestra metodología:
Respetar los flujos de savia: Imaginamos el interior de la planta como un sistema circulatorio. Nunca realizamos cortes que interrumpan el flujo principal de los canales vasculares. Si «cortamos» el camino de la savia, parte del brazo morirá, creando madera muerta que es la puerta de entrada para hongos.
La Madera de Respeto: Al cortar un sarmiento viejo, nunca lo hacemos a ras del tronco. Dejamos un pequeño trozo de madera sobrante (un «tocón»). Esto permite que el proceso de desecación natural ocurra en esa madera extra, y no dentro del tronco principal, protegiendo el corazón de la cepa.
Cortes limpios y pequeños: Preferimos intervenir de forma constante y sutil cada año que tener que realizar grandes cirugías que dejen heridas abiertas de gran tamaño.
5. El equipo: El conocimiento que no se escribe, se hereda
A pesar de todos los avances tecnológicos, no existe máquina capaz de sustituir el ojo humano frente a una cepa de Tinta del País. Cada planta es distinta: una puede tener más vigor, otra puede haber sufrido más el estrés hídrico del verano anterior, otra puede necesitar ser «rejuvenecida».
El equipo de viticultura de Bodegas Carmelo Rodero está formado por expertos que llevan años, en algunos casos décadas, caminando entre estas mismas hileras. Esa memoria visual es fundamental. Saben qué brazo dio la mejor uva el año pasado y cómo guiar la planta para que este año se supere.
Podar es un ejercicio de previsión a futuro. El podador no mira lo que corta, mira lo que deja. Cada decisión tomada en enero tendrá una consecuencia directa en la vendimia de octubre y, finalmente, en la estructura y el potencial de guarda de nuestros vinos.
6. La sostenibilidad desde la poda
La poda también es una parte esencial de nuestro compromiso con el medio ambiente. Los restos de la poda (los sarmientos cortados) no se consideran desperdicio. En Carmelo Rodero, solemos triturar estos sarmientos en el propio viñedo para que se reincorporen al suelo como materia orgánica. Es un ciclo perfecto de retorno: lo que la planta extrajo de la tierra para crecer, vuelve a ella para nutrir la próxima generación de brotes. Esto mejora la estructura del suelo y reduce la necesidad de abonos externos, manteniendo el ecosistema en equilibrio.
Conclusión: El renacer que comienza en el frío
Cuando terminamos la poda y el silencio vuelve a reinar en el viñedo, queda una sensación de deber cumplido. Las cepas lucen ahora desnudas, esquemáticas, preparadas para resistir lo que queda de invierno.
Pronto, con la llegada de la primavera, veremos el «lloro», esa primera gota de savia que brota de los cortes de poda y que nos indica que las raíces han vuelto a despertar. En ese momento, sabremos que el diseño que trazamos con las tijeras en los días más fríos del año empieza a tomar forma de vida.
En cada botella de Carmelo Rodero, desde nuestro Joven hasta el TSM o el Pago de Baltasar, hay una parte de esta arquitectura invernal. Porque el gran vino no se empieza a hacer en la bodega, sino aquí, en el campo, bajo el cielo de la Ribera, respetando el ritmo de la naturaleza y el legado de una familia dedicada a su tierra.